MANUEL FERRER

Blog personal de Manuel Ferrer Muñoz

El Opus Dei y Franco

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Lecciones de Historia Reciente de España: Franquismo y Transición democrática”, de VV.AA. Centro de Estudios de Humanidades, Las Palmas de Gran Canaria, 1993. El fragmento reproducido corresponde a las pp. 77-79 del capítulo “El régimen franquista y sus relaciones con la Iglesia”, cuyo autor es Manuel Ferrer Muñoz

“La tendencia a la simplificación ha llevado a algunos analistas políticos y –lo que es peor- a bastantes historiadores a explicar los cambios ministeriales que se producen entre 1957 y 1975 mediante la supuesta pugna entre el llamado grupo del Opus Dei y los falangistas. El fundamento para esa interpretación estribaba en que personas como Ullastres, Navarro Rubio, López Rodó, López Bravo, Espinosa, García Moncó y Mortes, que sirvieron como ministros, pertenecían efectivamente al Opus Dei.

Se olvidaba, en cambio, que sus carreras políticas eran muy diversas; que procedían de equipos diferentes; que había falangistas –como Herrero Tejedor- que también eran miembros del Opus Dei, y que simultáneamente encontramos en la oposición a personalidades del Opus Dei, como Antonio Fontán o Rafael Calvo Serer, que no ahorraban críticas al régimen desde el diario Madrid. Esto sin detenernos a referir otros casos, como los de Antonio Herrero Losada (de la Agencia Europa Press) o Andrés Garrigó (de la Gaceta Universitaria), miembros del Opus Dei que mantenían posiciones muy distantes con respecto al régimen. Sin salirnos del ámbito periodístico, los ejemplos podrían multiplicarse: Carlos Soria, José Luis Cebrián, Juan Pablo Villanueva… Por lo demás, parece arriesgado atribuir las combinaciones ministeriales de aquél período, que afectaron a 53 personas de muy diversas procedencias, en función del antagonismo entre la Falange y siete miembros del Opus Dei.

De otro lado, abundan declaraciones de los directivos del Opus Dei y de los mismos protagonistas, que niegan tajantemente la vinculación entre su pertenencia a aquella institución de la Iglesia y sus militancias políticas, que respondían a su personal libertad y responsabilidad. Y tratándose de una organización y de unas personas honorables, que además carecían de motivos para ocultar la verdad, la insistencia en esa supuesta instrumentalización sólo puede ser justificada en virtud de prejuicios muy arraigados. El profesor Tierno Galván, que sólo sacando las cosas de quicio puede ser considerado como parcial en esta materia, no tuvo inconveniente en reconocerlo así:

‘El Opus Dei es una realidad que no voy a encubrir ni a denunciar. Existen personalidades políticas instaladas en el Poder y en la Administración, mientras que otros están en la oposición, y supongo que habrá otros en el limbo (…) Dicen –seguramente con razón- que no son un movimiento dirigido por una cabeza o un cónclave, sino que no tienen otra comunidad que la espiritual y en todo lo demás son libres’ (“Don Quijote”, 31.X.1968).

La intensificación de la campaña anti-Opus Dei desarrollada por la Prensa del Movimiento en el otoño de 1966 motivó una carta personal de Mons. Escrivá de Balaguer, Fundador y Presidente General de la Obra, al Ministro Secretario General del Movimiento. Reproduzco algunos fragmentos altamente significativos:

“Una vez más repito que los socios de la Obra -cada uno de ellos- son personalmente libérrimos, como si no pertenecieran al Opus Dei, en todas las cosas temporales y en las teológicas que no son de fe, que la Iglesia deja a la libre disputa de los hombres. Por tanto, no tiene sentido sacar a relucir la pertenencia de una determinada persona a la Obra, cuando se trate de cuestiones políticas, profesionales, sociales, etc.; como no sería razonable, hablando de las actividades públicas de V.E., traer a cuento a su mujer o a sus hijos, a su familia”. (cit. López Rodó, Laureano. Memorias. vol II. p. 97).

A partir de 1967 resulta evidente el enfrentamiento de dos corrientes en los Gobiernos de Franco: una, encabezada por Solís (Secretario General del Movimiento y jefe de los Sindicatos) y por Fraga (que controlaba el Ministerio de Información y Turismo), y otra formada por el dúo Carrero-López Rodó, caracterizada con mayor o menor acierto como “tecnócrata” e identificada erróneamente con el Opus Dei: ni Carrero ni la mayoría de sus hombre (Villar Palasí, Fontana, López de Letona…) pertenecían al Opus Dei, ni la Obra se sentía representada por esas personas.

El tan traído y llevado “Caso Matesa”, que fue aprovechado en algunos ambientes para implicar al Opus Dei en cuanto tal, tuvo desenlaces muy diferentes para unos u otros de los miembros del Opus Dei que formaban parte del Gobierno: Espinosa y García Moncó cesaron en sus puestos, en tanto que López Bravo y López Rodó eran confirmados en ellos. Al lado de Solís, que estuvo en el origen del escándalo y que de modo imprevisto fue alejado del nuevo Gobierno, estaba otro miembro del Opus Dei, Herrero Tejedor. Y, para acabar de desmontar el tópico, conviene recordar que Víctor Castro Sanmartín, director general de Aduanas, que fue quien denunció el caso, también era del Opus Dei (cfr. Navarro Rubio, Mariano. ‘Mis memorias’ pp. 345-431).

http://www.opusdei.es/art.php?p=36405

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