MANUEL FERRER

Blog personal de Manuel Ferrer Muñoz


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Un brindis por Tito Vilanova

Cabría pensar, a primera vista, que Tito Vilanova es un hombre marcado por la mala suerte. En abril de 2012, poco antes de cumplir los 43 años, le llegó la oportunidad de su vida que, a la vez, entrañaba un reto dificilísimo: tomar el relevo de Pep Guardiola como entrenador del Fútbol Club Barcelona. Antes de que acabara ese año, Tito recaía de una grave enfermedad que ya le había obligado a suspender su actividad durante casi un mes, cuando ejercía de segundo entrenador, y cedía las riendas del equipo, de modo provisional, a Jordi Roura.

Durante los pocos meses en que dirigió al Barça, Tito rompió todos los registros, sorprendió a propios y extraños y despejó las dudas que planeaban sobre su capacidad para suceder en el mando al más laureado de los entrenadores que han ocupado el banquillo azulgrana. A partir de entonces, la penosa anécdota del ridículo tirón de orejas que le propinó Mourinho dejaría de ser la seña de identidad de Tito, que empezó a brillar con luz propia.

De pronto resultó reconocido y acreditado ante todos su talento, del que ya había dado sucesivas pruebas desde la temporada 2001-2002, cuando se hizo cargo del Cadete B del FC Barcelona, que contaba en sus filas con jugadores de la talla de Leo Messi, Gerard Piqué o Cesc Fàbregas: las mismas solvencia y capacidad que demostró en el FC Palafrugell, la UE Figueres o el Terrasa FC; y, desde 2007, como ayudante de Guardiola en el Barcelona B.

También había quedado atrás su trayectoria deportiva de jugador comprometido y discreto: tres años en el Celta de Vigo, cuando los celestes militaban en Primera División, y, en los años siguientes, peregrinación por varios clubes de la Segunda División (Badajoz, Mallorca, Lleida, Elche), para recalar en la UDA Gramanet,  de Segunda B, equipo en el que se retiró al término de la temporada 2001-2002.

Pero Tito no puede quejarse de mala suerte, por un cúmulo de razones: porque el valor se prueba en la adversidad; porque desde la otra orilla del Atlántico ha sabido insuflar en sus hombres el amor propio necesario para superar situaciones difíciles; porque recuperará la salud y nos demostrará a todos que de fútbol sabe un montón… y porque, aunque así no fuese, habría dejado un hermoso ejemplo en el que podrá mirarse toda una generación de culés que no necesitará buscar lejos una referencia moral para enfrentar la vida con dignidad y con valentía.

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