MANUEL FERRER

Blog personal de Manuel Ferrer Muñoz


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Aula Canaria de Investigación Histórica

Un grupo de jóvenes investigadores canarios ha puesto en marcha el Aula Canaria de Investigación Histórica, que apuesta por el conocimiento, la investigación y la divulgación de las tendencias y los métodos para el estudio de la Historia. Su objetivo es contribuir a difundir los estudios que se realizan en Islas Canarias en disciplinas como la Arqueología, el Arte, la Historia o la Antropología.

Con esa finalidad han configurado un blog, todavía en fase de desarrollo, entre cuyos contenidos destaca el enlace a publicaciones periódicas, monografías y actas de congresos editados en Canarias y que actualmente se hallan disponibles en la red: Recursos en red. Entre las monografías reúnen particular interés las referentes a Arqueología de Gran Canaria, en formato PDF.

El blog enlaza con el Portal de Movimientos Migratorios Iberoamericanos, que se encuadra en el Portal de Archivos Españoles (PARES) y difunde más de 9.300 nuevas imágenes digitales. El resto de las referencias personales de los emigrantes que aparecen en este Portal están extraídas de las siguientes series documentales:

• Listas de pasajeros y emigrantes del Consulado de España en Veracruz (Archivo General de la Administración, España).

• Expedientes de licencias de embarque a la Isla de Cuba y Puerto Rico (Archivo General de Indias, España).

• Registro Nacional de Extranjeros en México (Archivo General de la Nación de México).

• Solicitudes de permisos de residencia en la República Dominicana (Archivo General de la Nación de la República Dominicana).

El Aula colabora también en la publicación de una revista en formato digital (Tiempo Presente. Revista de Historia), editada por el Grupo de Historia del Tiempo Presente, del Departamento de Historia de la Universidad de Extremadura, cuyo primer número ya está disponible en la red.

¿Cabe plantear algún pero al Aula? Por supuesto. Para empezar, la pésima costumbre de desatender los mensajes recibidos a través del Contacto habilitado en el blog para recabar colaboraciones: una carencia que, por desgracia, es común en blog y web españolas y que en Canarias constituye un vicio muy difícil de extirpar.

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Carta abierta al Rector de la Universidad de Colima

Le ofrezco mis disculpas, nada más empezar, si encuentra que el tono de este escrito roza lo irrespetuoso: pero convendrá conmigo en que el respeto se merece, y usted ha desatendido tantas veces sus obligaciones que no se ha hecho acreedor de más consideración: la dignidad de la rectoría de la Universidad de Colima ha quedado seriamente en entredicho, por obra y gracia de sus actuaciones… y de sus omisiones. Y advierto que soy generoso con esta última apreciación.

Tampoco espero que responda a las reclamaciones que voy a presentarle, poniendo como testigo a una amplísima comunidad académica y universitaria: ya me ha negado la palabra en tantas ocasiones que consideraría un milagro que, por una vez, diera la cara y actuara conforme a lo que exige un mínimo sentido de responsabilidad, del honor y del deber. Pero al menos voy a exponerle a la vergüenza pública, que no es poco correctivo.

Sé que carece de respuesta válida a cuanto pueda demandarle, tal vez por su personal incompetencia: porque da la impresión de que escuchar, atender y resolver no es su fuerte (¿sigue presumiendo de desconocer todavía sus remuneraciones salariales?), y porque la única respuesta válida a lo que reclamo sería el reconocimiento de su grave negligencia y la correspondiente rectificación: y eso le resulta aún mucho más costoso y humillante.

Sí quiero manifestarle, ante tantos y tan dignos testigos, que ha permitido con sus inhibiciones que la Universidad de Colima sea un territorio donde se burla la legalidad en materia de contratación de profesorado, al incumplirse las obligaciones anexas a los procesos que regulan las  convocatorias públicas de profesorado. ¿Dónde se ha visto que ni siquiera ante reclamación de parte se publiciten los resultados obtenidos por cada candidato de acuerdo a una baremación que también debió ser pública?

¿Cómo se atreve a ignorar una y otra vez las disposiciones del Reglamento de Trasparencia y Acceso a la Información de la Universidad de Colima?

¿No comprende que concurren las circunstancias para que le se impongan las sanciones previstas en el artículo 34 del mismo Reglamento: “el personal universitario que incurra en incumplimiento del presente Reglamento, será bajo su estricta responsabilidad y sancionado con base en la legislación aplicable”?

¿O será, como presumo, que sus colaboradores en el gobierno universitario son cómplices mudos de su indecorosa conducta? Entre ellos atribuyo una especial responsabilidad a la Dra. Sara G. Martínez Covarrubias que, en su condición de Directora General de Desarrollo del Personal Académico, debiera haber velado por el cumplimiento de la normativa universitaria en lugar de secundar sus consignas de silencio, caiga quien caiga.

Señor Rector, vista su incapacidad para asumir responsabilidades y rectificar, ¡márchese a su casa y no ensucie más el nombre de la Universidad!


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Amenaza de saqueo del patrimonio cultural de Colombia

Los intereses económicos se imponen a la preservación de los bienes culturales: eso no es de hoy ni de ayer. Pero no por eso deja de resultar doloroso que la Ley de Patrimonio Cultural Sumergido, que entrará en vigor próximamente, privilegie a los cazatesoros a expensas de un legado histórico de Colombia que no han podido defender los responsables del Instituto Colombiano de Antropología e Historia frente a la retórica de los piratas explotadores de los fondos marinos.

Aunque la ministra de Cultura justifique ese entreguismo con la falta de tecnología y de recursos suficientes, la comunidad arqueológica y académica colombiana ha expresado su rechazo, por los nefastos efectos que, inevitablemente, se seguirán.

Poderoso caballero es Don Dinero.

Más información:

ABC, 13 de junio de 2013 (http://www.abc.es/cultura/20130613/abci-colombia-cazatesoros-201306131218.html)

El Espectador, 6 de junio de 2013 (http://m.elespectador.com/impreso/hallazgo-arqueologico/articuloimpreso144368-cazatesoros-miran-colombia)


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El negro presente de la medicina en España

“Sabía que él era un mal médico.  Que no ponía atención suficiente en lo que hacía. Que, en realidad, sus pacientes le importaban un pimiento. Peor que eso: por lo general los veía como piezas integrantes de la conjuración general del mundo contra él. Como ciegos ejecutores del tedio y del fastidio de la vida. Una oscura tropa de enemigos” (Rosa Montero, Instrucciones para salvar el mundo, Madrid, Santillana, 2008, p. 265).

No nos engañemos. Así nos contemplan a los molestos pacientes no pocos profesionales de la salud pública en España, aburridos y carbonizados por un sistema que, al deshumanizar la Medicina, la ha convertido en un ejercicio menor; por lo que debe ser escrita con minúsculas: “medicina”. Y eso por la misma razón por la que la “enseñanza” dejó de ser “Educación”, y por la que la “Historia” es hoy simple, anodina, rutinaria y servil “historia” al servicio de los gobiernos de las correspondientes comunidades autónomas.

Hemos creado tantos monstruos que el cotarro profesional se ha transformado en un destartalado zoo donde coexisten profesionales de todo tipo y jaez, embrutecidos, indiferentes, hastiados. Ése es el negro panorama laboral que impera en España: mucho más negro aún que las cifras del paro, la desvergüenza de los políticos y sindicalistas corruptos, el pesimismo de los jóvenes, el fatalismo de los mayores.

Y, sin embargo, aún caben matices en ese negro panorama que en Canarias puede compararse a un larguísimo túnel que parece desembocar en las más profundas entrañas de la tierra. Así no es extraño que una pediatra que ejerce su actividad en un centro público de salud satanice la lactancia materna a partir de los quince meses, en desprecio olímpico de las recomendaciones de los expertos más reconocidos.

No sorprende tampoco que los análisis clínicos extravíen el camino desde el hospital a las manos de los médicos que los encargaron, sin que llegue a conocerse su paradero; ni que las esperas para intervenciones quirúrgicas o para consultas con especialistas se prolonguen durante incontables meses.

Aburridos casi todos los médicos, unos cuantos mantienen el fuego sagrado y ajustan sus vidas a las exigencias del juramento hipocrático (“mantendré mi vida y mi arte alejado de la culpa… actuaré por el beneficio de los enfermos, apartándome de todo error voluntario y corrupción”): por no hablar de tantas enfermeras, tantos celadores… que desempeñan sus tareas en condiciones muchas veces calamitosas, con la sonrisa en los labios.

El sistema sanitario español ha tocado fondo, al convertir a los médicos de atención primaria en simples burócratas, insensibilizados ante el dolor ajeno, alejados de sus pacientes, limitados a la transcripción de unas pocas y deslavazadas notas en la pantalla de un ordenador.

Con este cuadro apocalíptico, en el que no deja de haber espacios luminosos y esperanzadores, al margen del designio de los políticos, que casi todo lo estropean, no hago sino mostrar una faceta más de la “Marca España” que desde el gobierno intentan vender, por si convencen a alguien para que invierta en este erial.


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Magnolia, una historia de vida

Magnolia, que toleraba mal las imposiciones del hogar materno, decidió un día escapar de casa, resentida por una regañina de su mamá, acompañada de unos cuantos azotes, que se sumaban a otros muchos más recibidos con ocasión y sin ella a lo largo de doce años. Sin pensárselo dos veces, tomó un autobús que la condujo de Armenia a Pereira, adonde llegó sin la menor idea de cómo saldría adelante, pero con el propósito firme de no regresar a casa.

Después de dormir en un banco de un parque, por la mañana acudió a un restaurante contiguo donde le habían asegurado, horas antes, que podría encontrar empleo. Y allí empezó a trabajar ayudando en tareas de limpieza y de cocina. Al cabo de un tiempo, un día en que excepcionalmente atendía a los clientes, dos personas –una mujer y un hombre, que compartían mesa- se ganan su confianza y le ofrecen trabajo en Bogotá, si está dispuesta a aceptar la invitación en los términos perentorios en que se le presenta. Magnolia no lo duda y, sin avisar siquiera a los dueños del restaurante, se marcha en auto con los dos desconocidos.

Desconocedora de todo, no se da cuenta de que el carro deja atrás Bogotá y no se detiene hasta llegar a Villavicencio. Allí vivirá una experiencia dramática, cuando se ve encerrada en una habitación con el dueño del hotel donde se alojan, que, compinchado con las personas a las que Magnolia había otorgado su confianza, abusa de ella.

Tras la violación, incapaz de ofrecer resistencia, emprende viaje en avión, siempre en compañía de las mismas dos personas, a las que presta obediencia incondicionada, porque no encuentra otra salida ni se atreve a desafiarlas. El lugar de destino es San José del Guaviare. Allí la instalan en casa de doña Noelia –ése es el nombre de la señora que se ha convertido en dueña de su vida-, y acabará trabajando como prostituta en la zona de tolerancia de la ciudad. Magnolia, que tarda en percatarse de las intenciones de sus captores, empieza su aprendizaje de un modo casi inconsciente, hasta el punto de verse golpeada por un cliente, con quien tomaba una copa, molesto por la actitud de la muchacha, que interpretó como escurridiza o burlona: como si se hiciera la loca o la interesante.

No tardará en quedar embarazada, sin que llegue a poseer certeza de la identidad del padre del hijo que espera. En su inocencia, se encomienda a la intercesión de San Gregorio, a quien ruega que el niño que espera sea hijo de un joven de la ciudad, de posición acomodada, a quien aprecia y con quien comparte una estrecha amistad, a pesar de que él se haya marchado a vivir con otra mujer. Piensa que esa familia podría procurar al niño un hogar y unos medios de vida de los que ella carece.

Con ocasión del cumpleaños de doña Noelia, durante un recorrido en bicicleta para comprar unos botes de Maizena, que servirán para las tradicionales bromas de los festejos, en los que todos los invitados acaban rociados de ese polvo blanco, se encuentra a una amiga, también prostituta, que la invita a pasarse un momento por la casa donde trabaja. Al entrar encuentra a un muchacho sentado por la cama: nada más mirarse, se reconocen. ¡Es su propio hermano, a quien no había vuelto a ver, que también ha escapado de la casa familiar!

Cuando el hermano de Magnolia es informado de las circunstancias que condujeron a la chica hasta ese estado de degradación, no duda en proponerle matar a doña Noelia y huir a otra parte. Pronto entra en razón y comprende que ese acto de venganza puede amargarles el resto de la vida. Y decide establecerse también él en San José del Guaviare.

Poco después, Magnolia contrae paludismo y debe ser ingresada en un hospital, donde ve morir a su compañera de cuarto. Angustiada por el ambiente oprimente del centro hospitalario y por las tristes circunstancias que envolvieron el fallecimiento de esa mujer, escapa del hospital y acude a la casa familiar de quien presume que es el padre del niño en gestación. No encontrará ahí acogida duradera, y regresa a la casa de Noelia.

Una noche, después de bailar y tomar unas copas con clientes, le llegan los dolores de parto, y la llevan con una viejita que la ayuda a dar a luz. Entonces sí recibirá alojamiento, para ella y para el niño, en la vivienda de los padres de quien presume que es el papá de la criatura. Cinco meses después, le comunican que se trasladan a Pereira y le proponen que el niño vaya con ellos. Ya la llamarán, cuando estén instalados. Pero la promesa queda incumplida, y pasarán seis o siete años hasta que Magnolia vuelva a reunirse con su hijo.

Así va transcurriendo el tiempo, cada vez más identificada con un ambiente de degradación moral: consume marihuana de forma habitual, bebe, mantiene sexo con quien paga, frecuenta los locales más sórdidos. Incluso llega a gozar de la confianza plena de doña Noelia, que delega en ella cada vez más la dirección del negocio.

Con ocasión de un viaje a Cajamarca, en que acompaña a doña Noelia en busca de chicas para el prostíbulo, le viene de pronto el pensamiento de regresar a Armenia para indagar sobre su familia, de la que tan sólo sabe lo poco que su hermano le había referido.

Tras un viaje en autobús, encuentra en ruinas el antiguo hogar familiar. En un cercano kiosco, donde venden revistas, indaga sobre su paradero y averigua las señas domiciliarias. Al reencuentro sigue el traslado a Medellín, con su madre y su hermana, y el retorno a Armenia, donde empieza a trabajar en una cafetería. Pero los ingresos, menguados, remueven en Magnolia el deseo de reintegrarse a su antigua vida, en la que nada le faltaba y en la que podía costearse cualquier capricho: así, al cabo de ocho meses, se reintegra a una existencia con la que se ha familiarizado y que, a medio plazo, colma sus aspiraciones.

Han transcurrido varias décadas desde que Magnolia deambulaba por caminos que no invitaban precisamente a la esperanza. Hoy pondera desde la distancia el lastre de ese remoto pasado y, sumida en los dilemas de un presente que parece cerrarse al optimismo, vive en Las Palmas de Gran Canaria (España), donde encontró un refugio para reconstruir su vida sobre nuevas bases. Magnolia colabora en varias instituciones vinculadas a la Iglesia Católica, y afronta las incertidumbres del momento con la madurez, la dignidad y la hondura de miras que desarrolló a base de errores y rectificaciones.

Texto en fuente original: Revista Migrante, vol. 2, junio 2013, núm. 15, pp. 12-14:

http://www.infomigrante.org/descarga.shtml?apc=C-xx-1-&x=3361


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Ciencias versus Humanidades

La tramposa contraposición entre Ciencias y Humanidades que, en la mente de no pocos ignorantes, debería conducir a encerrar a las últimas en el más polvoriento y olvidado rincón del más deprimente y triste de los museos arqueológicos, se ve desmentida por el brillo de personalidades como Isaac Asimov, Stephen Jay Gould, Carl Sagan o Lewis Thomas, que desde el prestigio de sus quehaceres científicos enriquecen la nómina de los grandes humanistas de nuestro tiempo.

Por contraste quiero referirme a la decepción experimentada en un reciente acercamiento profesional a la Universidad Central de Ecuador, que había manifestado su interés inicial por mi contratación y acabó descartando mi vinculación por la prioridad que otorgan a la línea de investigación técnica-científica. Por la misma razón fracasaron mis intentos por involucrarme con otras diversas universidades ecuatorianas -Flacso, Universidad Andina Simón Bolivar, Universidad Laica Eloy Alfaro y Universidad de Guayaquil -, cuyos planes de estudios otorgan nula relevancia a las Humanidades.

No será extraño que esas instituciones universitarias, que reniegan de su fundamento original, acaben perdiendo sus señas identitarias y escuchen pronunciar sobre sus cadáveres las palabras en latín con que los católicos solíamos despedir a nuestros seres queridos: Requiescant in pace!