MANUEL FERRER

Blog personal de Manuel Ferrer Muñoz


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Descanso en paz

descanso en paz

Hace poco más de un año cerré un blog que había servido para la comunicación y como instrumento de cohesión a jóvenes de diversos países.

Ahora, impresionado aún por el dolor del tremendo accidente de ferrocarril de Santiago de Compostela, he querido compartir aquellas palabras con los amigos que se interesan por los comentarios que trato de incorporar a mi blog profesional, con periódica asiduidad.

El desgarro interior experimentado por la muerte trágica de tantas personas constituye una ocasión propicia para el silencio y la reflexión.

Y es que me siento incapaz de incorporar otros contenidos al blog que no sea la invitación a recapacitar sobre la fugacidad de todo quehacer humano. Ojalá el resultado de esa pausa dedicada a la meditación sea un renovado empuje para transformar la sociedad y encauzarla por vías más justas, más solidarias y más libres.

Así pudo leerse el 18 de junio de 2012 en la despedida del blog “Los jóvenes y la inmigración”:

Hemos llegado al final de nuestro recorrido, y éste es el último texto del blog, porque la trayectoria del Centro Europeo de Estudios sobre Flujos Migratorios ha terminado.

La experiencia ha valido la pena; y el bagaje resulta muy positivo. Pero han sido muchos los desengaños, que se añaden a las decepciones personales de quien redacta estas líneas, consciente de que en todas partes cuecen habas y de que la sociedad en que vivimos –en México, Colombia, España, Polonia, por citar cuatro experiencias directas- está herida de gravedad.

Sucio el mundo de la política, lo es también el de los medios de comunicación, y el académico y el empresarial y el de la banca y el del deporte y el artístico, como también el literario, el de las ONGs, el médico, el sindical… Las excepciones, muy honrosas, son cada vez menos en unos ambientes donde los gremialismos y enchufismos campan a sus anchas.

Ante este sombrío panorama, que consideramos irreversible en el medio plazo, preferimos recogernos en el silencio y la reflexión para ponderar nuevas vías para la acción intelectual y social.

Desde aquí decimos adiós a quienes nos han acompañado en esta aventura, y agradecemos su colaboración a las personas generosas que se implicaron en nuestro proyecto de modo desinteresado. Muy en particular pensamos en el pequeño núcleo de socios del Centro que, con abnegación, apoyaron nuestro trabajo sin desanimarse por las dificultades crecientes. Los delegados del Centro en otros países y comunidades autónomas y los responsables de nuestra web, del área jurídica y del foro “Los jóvenes y la inmigración” merecen una especialísima mención, por su empeño ilusionado y por su dedicación constante.

Nos cabe la satisfacción de que uno de nuestros proyectos más queridos –el Banco del Tiempo- ha cobrado la necesaria autonomía, tanto en Gran Canaria como en Tenerife, como para caminar por sus propios medios, mediante la articulación de las correspondientes Asociaciones.

Siempre en espera de una tabla de salvación, dejamos aquí constancia de nuestra dirección de correo electrónico (cemigras@gmail.com), en espera de un mecenazgo desinteresado y sin fines partidistas, que permitiera la resurrección del proyecto.


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La pésima educación

Se abochorna Antonio Burgos a la vista del penoso espectáculo gratuito que proporcionan los ingleses que acuden a España en verano, tan alejado su comportamiento de los tópicos convencionales y de la imagen idílica que se ha trazado del gentleman: entre las carreras de Ascot y el té de las cinco, entre el Castillo de Balmoral y Harrod´s; una nación de trajes cruzados, de sombreros de hongo, de paraguas perfectamente plegados a modo de bastón, de zapatos limpísimos, de camisas impolutas, de damas elegantísimas, de caballeros educadísimos, de relucientes taxis negros.

En contraste con ese mito, Burgos describe el horrendo panorama de una España convertida en gigantesca taberna por obra y gracia de la impresentable chusma llegada desde la Gran Bretaña: los ingleses que vienen a España en verano, pero a manadas, en hordas de gamberros, son los que no existen en la imagen de su país…y que deben de ser mayoría. Unos niñatos en camiseta de tirantas y con pantalones piratas; con toda suerte de ferretería prendida en las orejas; que chillan, se gastan violentas bromas, que te pegan un empujón como no andes listo; que a mediodía se beben las jarras de sangría por colleras y enchampeladas; que por la noche compran en las tiendas de conveniencia botellas y más botellas de presunto güisqui procedente de garrafón, con las que se cogen unas tajás como mulos regimentales. Tras lo cual, ciegos, se tiran a la piscina desde el balcón del hotel y, como las yemas El Ecijano, “casi tós palman”.

Claro que Burgos no se pregunta por la imagen que proyectan los carpetovetónicos enfundados en uniformes de turista, con los irremediables pantalones piratas y sandalias con calcetines, empeñados en arruinar la Marca España, tan cuidadosamente elaborada en los asépticos laboratorios del Gobierno. Y tampoco es preciso cruzar fronteras para sentir vergüenza de nuestros connacionales, tal y como se exhiben en su salsa, sobre todo aquéllos que de un modo generoso podríamos llamar “jóvenes” (de los cuarenta para abajo): zafios, ineducados, incultos, agarbanzados en sus gustos, víctimas casi todos del desmoronamiento de las instituciones familiar y escolar, incapaces de mantener una conversación que trascienda la comidilla futbolística o televisiva o el chisme de comadres.

Como concluirían nuestros distinguidos contertulios de Telebasura, ¡es lo que hay!


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Lázaro Cárdenas: ¿ciego, miope o cínico?

¿Por qué se le ocurriría al general Lázaro Cárdenas la disparatada idea de alabar la intención revolucionaria de Carlos Fuentes, autor de La muerte de Artemio Cruz?

¿Acaso ignoraba la razón por la que el joven oficial Cruz, a lomos de su caballo negro, emprendió la larga cabalgada hacia el sur, con la tea en alto y el odio a los federales en sus entrañas?

La muerte de Regina -no los ideales revolucionarios- recordó a Artemio la tarea concreta que le había sido asignada por su viejo maestro Sebastián, y le mostró el hilo que necesitaba para recorrer sin extraviarse el laberinto de la guerra.

Muerta Regina, dejó de haber un proyecto que compartir. El abrazo a la revolución fue el último recurso que quedó al soldado a quien se arrebató el amor de su vida. Matar pelones se convirtió en la satisfacción de un grito interior que demandaba venganza. Pero la revolución, considerada en sí misma, era sólo un suceso pasajero y, a la vez, una oportunidad privilegiada para justificar la rapiña mediante la invocación de las batallas y de los jefes.

Así lo prueba la biografía de Artemio Cruz –un pelado en sus orígenes, enseguida don Artemio- tras el gran torbellino revolucionario: una vergüenza continuada que transcurre durante las últimas décadas en medio del disimulo de la meseta mexicana. Actuaciones impúdicas, desde el matrimonio con Catalina hasta sus manejos como terrateniente, como diputado federal (una postulación arreglada con el gobierno, en reconocimiento de sus méritos revolucionarios) o como editor de un influyente medio de comunicación, pasando por la administración del empréstito ferrocarrilero, los negocios con norteamericanos, en su calidad de hombre de paja, o los millones de dólares depositados en bancos de Zürich, Londres y Nueva York, de los que no existía ningún registro contable: ¡todo un ideal de ética revolucionaria coloreada con el pasar de los años por el cauteloso temor a la conjura roja, esa infiltración exótica en la nobilísima revolución mexicana que había que aplastar a macanazos!

Antes incluso de que se escribiera toda esa degradante historia, el mismo primer encuentro con Regina había sido tergiversado, de mutuo acuerdo, para disfrazar la brutalidad de una deshonra con la ficción de un falso romántico enamoramiento en las costas de Sinaloa. Y Regina fue la única mujer que amó a Artemio sin que mediara dinero…

¿De veras creía Cárdenas en la intención revolucionaria que fingía proyectar esta novela de Carlos Fuentes? ¿O será que el viejo general deliberadamente se engañó o nos mintió? Porque, si los sacrificios que exigió la revolución condujeron a la sociedad que encarna Artemio Cruz, protagonista de una vida muerta transmisora de una falsa tranquilidad, de una concordia ficticia, de un poder sin grandeza, de una estulticia consagrada, ¿no sobran motivos para maldecirla?

¿Pudo Lázaro Cárdenas leer la novela de Fuentes sin que le invadiera un sentimiento de complicidad y de vergüenza?

El mismo Carlos Fuentes parece titubear cuando descorre el velo que oculta la abyección de un revolucionario. En vano tratará de convencernos de que la corrupción en México venía de antes: corrupto era don Gamaliel Bernal, hipócrita catolicón poblano, miembro de una familia enriquecida a costa de los bienes de la Iglesia expropiados por Juárez; y cómplice de esa podredumbre era Remigio Páez, caricaturizado como pitoflojo y grotesco padrecito que garantizaba la salvación eterna de don Gamaliel a cambio de su protección terrena.

¡Al fin y al cabo don Gamaliel había pagado el tributo de sangre a la revolución en la persona de su hijo Gonzalo! ¡Y Páez fue arrastrado a la muerte por el fanatismo obregonista!

¡Al menos don Gamaliel actuaba como bondadoso déspota ilustrado, duro aunque proveedor, eslabón de una cadena que, con la tradición, aseguraba el buen gusto, la cortesía, la cultura!

Por supuesto que Artemio Cruz no es una escoria humana, y que laten en su corazón anhelos de nobleza y ansias de redención: pero serán éstas esperanzas frustradas por su propia cobardía y por su orgullo de macho, que harán de él la solitaria momia de Coyoacán. Un saldo, en cualquier caso, que no justifica la canonización del personaje que encarna Cruz como prototipo de revolucionario ejemplar: aunque probablemente no sea ningún disparate suponer que cuantos sobrevivieron a la revolución en posiciones ventajosas (incluso por méritos propios) sucumbieron después -¿todos?- a la tentación del seréis como dioses y a la voz fría del poder y del interés.

Tal vez haya que admitir, con inmenso dolor, que la revolución fue devorada por sus propios hijos: y no porque estuvieran hambrientos o por el temor de que pudiera llegar el hambre, sino porque su glotonería demandaba más. Tal vez debamos reconocer, con Catalina Bernal y con el “otro” Artemio Cruz, que no hubo entre las filas de los revolucionarios hombres santos ni verdaderos mártires[1].

¡Qué hermoso el deseo del mayor bien posible para la patria!… “mientras sea compatible con nuestro bienestar personal” (la confesión viene del “otro” Artemio). La entrega revolucionaria tiene un límite, hay que dosificarla: porque, si pierdes el poder, te chingan; y, además, el poder no se comparte…

¿Habrá, pues, de extrañarnos que la criatura de Cárdenas, el partido político que acertó a presentarse a sí mismo como depositario de las esencias de la revolución, institucionalizara los mecanismos para detentar en exclusiva el poder y graduar la porción de migajas que, con sabia periodicidad, se repartían al pueblo para contentarlo?

Reservado el gobierno para el partido hegemónico, el concesionario exclusivo de las dádivas podía escribir la historia, manipular voluntades, comprar a los periodistas, asesinar estudiantes, desvelar justicieramente las miserias de los pérfidos conquistadores españoles, repudiar los sucios tiempos del porfiriato y la vileza avara de frailes y curas…

La verdad, sin embargo, se abre siempre camino: a veces con tardanza de siglos.

Texto en fuente original:

Revista Cultural San Gabriel (León, Guanajuato), año 8, núm. 43, julio-septiembre de 2013, p. 6

http://issuu.com/san_gabriel/docs/revista43


[1]         Octavio Paz achaca el incumplimiento de las esperanzas suscitadas por la Revolución tanto a los escritores como a los propios “revolucionarios, tan pronto corrompidos. Ellos hicieron hermético, insensible, al pueblo mexicano que, por primera vez, en su historia, había despertado” (Paz, Octavio, Primeras letras (1931-1943), Barcelona, Seix Barral, 1988, p. 260).


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Lampedusa

Al hilo del reciente viaje a esta isla italiana del Papa, un hijo de emigrantes de la Italia pobre, Jon Juaristi saca a la luz la escandalosa realidad de la frontera sur de Europa.

“En los últimos veinte años, la franja trágica que surcan las pateras entre la costa norteafricana y la isla se ha cobrado más de veinte mil vidas. Mil por año. El Gobierno italiano impuso a Gadafi la repatriación de los inmigrantes detenidos en Lampedusa, pero desde la caída del régimen del coronel la devolución de aquéllos a Libia se ha ido haciendo más y más difícil, convirtiendo a la isla en un inmenso depósito de humanidad inmovilizada, cuyo número se va acrecentando por el incesante flujo de nuevas remesas de personas indocumentadas”.

El artículo de Juaristi, en ABC, 14 de julio de 2013 (http://www.abc.es/lasfirmasdeabc/20130714/abci-lampedusa-201307141727.html)


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Estudiantes ganan amparo contra la Universidad Autónoma de Santo Domingo

Por medio de Claudio Antonio Caamaño Vélez me llega esta noticia sobre la UASD que, por su interés, incluyo en mi blog con respeto íntegro a su literalidad

Los estudiantes sometieron a la Universidad por violación al derecho a la igualdad en el proceso de inscripción. Este resultado beneficia a más de 170 mil estudiantes.

El pasado 25 de abril un grupo de estudiantes de derecho inició un proceso judicial contra la Universidad Autónoma de Santo Domingo, consistente en un recurso de amparo por violación al artículo 39 de la Constitución, sobre Derecho a la Igualdad. Los estudiantes alegaron que la universidad estaba violando el derecho a la igualdad al otorgar privilegios en el proceso de inscripción a estudiantes carentes de méritos.

Según explicaron, más diez mil estudiantes se inscribían con privilegios cada semestre, lo que provocaba una congestión en las secciones, quedando así muchos estudiantes sin la posibilidad de seleccionar materias. Un reporte estadístico de la Oficina de Planificación Universitaria de la UASD, muestra que del semestre 2011-2 al semestre 2013-1, apenas año y medio, hubo un descenso en la matricula activa de la universidad de 12,707 estudiantes, situación alarmante que los estudiantes alegan está relacionada a las fallas en el proceso de inscripción.

La Primera Sala del Tribunal Superior Administrativo, de Jurisdicción Nacional, en sentencia No. 148-2013, de fecha 16 de mayo de 2013, acogió el recurso de amparo contra la UASD, fallando a favor de los accionantes Julissa Álvarez Cordero, Nathaly Ramírez Díaz y Claudio Antonio Caamaño Vélez, estudiantes de derecho, quienes llevaron por si mismos dicho proceso, sin asistencia de abogados. Este resultado favoreció a más de 170 mil  estudiantes de todo el país.

En el numeral VIII) de la motivación de la sentencia los magistrados expresaron que la autonomía universitaria consiste en “una garantía que permita a los entes de educación superior darse su propia normatividad, estructura y concepción ideológica, con el fin de lograr un desarrollo autónomo e independiente de la comunidad educativa, sin la injerencia del poder político”. Así mismo se expresa en el numeral XXI) que la presente decisión no constituye en modo alguno violación a la autonomía universitaria, sino un límite a la misma que encuentra justificación objetiva y razonable en la atención a los intereses concurrentes y a las particulares condiciones que la situación genera en el acceso a la educación superior.

La sentencia No. 148-2013 intima a la UASD a emitir una Resolución que elimine cualquier privilegio que atente contra el artículo 39 de la Constitución Dominicana, referente al Derecho a la Igualdad.

Los estudiantes accionantes expresaron que esto supone una nueva etapa en los procesos de las luchas civiles. Planteando además que es momento de que la ciudadanía se empodere para producir cambios concretos.

Al referirse al tema Nathaly Ramírez expresó que “entendemos que como estudiantes de derecho tenemos el deber con nuestro país de ir sentando precedentes jurídicos que permitan que el derecho evolucione enfocándose a las necesidades actuales”, así mismo dijo que este resultado crea un nuevo referente en las acciones jurídicas contra instituciones estatales que vulneran derechos fundamentales. Por su parte Julissa Álvarez afirmó que “los ciudadanos podemos enfrentar la injusticia no importa que tan superior pueda parecer el emisor ésta”.

Caamaño Vélez aprovechó para agradecer a los estudiantes que brindaron su apoyo en este proceso, invitando a la población a tener fe en la justicia, al tiempo que planteó que “este resultado contribuye a la democracia y la institucionalidad de la UASD y el país, es un avance hacia un verdadero Estado de Derecho en la República Dominicana”.


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¿Quién ha llorado hoy en el mundo?

“¿Quién ha llorado por la muerte de estos hermanos y hermanas? ¿Quién ha llorado por esas personas que iban en la barca? ¿Por las madres jóvenes que llevaban a sus hijos? ¿Por estos hombres que deseaban algo para mantener a sus propias familias?”

Con estos interrogantes el Papa Francisco enfrenta las conciencias de los acomodados habitantes de la vieja Europa ante el drama humano de los africanos arribados a Lampedusa a bordo de embarcaciones inverosímiles; y, de modo aún más acucioso, ante la tragedia de los que nunca llegaron.

La remisión a la figura del “Innominado” de Manzoni, que se contiene en el texto de la homilía pronunciada por Francisco, apunta hacia la globalización de la indiferencia, que nos hace “innominados”, responsables anónimos y sin rostro.

Imposible expresar más con menos palabras. Enhorabuena, Papa Francisco. Ojalá tomen nota los burócratas de la Unión Europea que, desde sus torres de marfil, alejados de la realidad, se muestran insensibles al dolor.

Texto completo de la homilía: http://www.vatican.va/holy_father/francesco/homilies/2013/documents/papa-francesco_20130708_omelia-lampedusa_sp.html


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El Servicio Canario de Salud, ¿un declive irreversible?

Las estadísticas de este servicio no paran de subir: más colas, esperas más prolongadas, incremento en el número de quejas. Y la consejera, cada vez más desconcertada, se revela incompetente para poner orden en ese desaguisado: un caos tan enmarañado que requiere con urgencia la intervención de un experto de verdad, al margen de su filiación partidista.

Hay facetas que incitan a la comicidad. Por ejemplo: la “Carta de los derechos y de los deberes de los pacientes y usuarios del Sistema Canario de la Salud” proclama de modo enfático que entre esos pretendidos derechos está la libre elección de pediatra. Si por elegir se entiende escoger a uno entre uno posible, es verdad lo que se ofrece, aunque parece un tanto mezquino el ofrecimiento.

Pero si la pediatra elegida a la fuerza –adscrita al Centro de Salud de Arenales, en Las Palmas de Gran Canaria- está anclada en los viejos moldes y se muestra poco partidaria de la lactancia materna, hasta el punto de advertir con toda severidad a una madre que sigue dando el pecho a un hijo suyo de quince meses que está causando un DAÑO GRAVE a su hijo, sin quererlo, la paciencia del paciente toca fondo, y se rebela contra ese injustificado e ignorante terrorismo psicológico.

Tampoco deja de tener su gracia que el mismo Sistema se encargue de extraviar las analíticas que encargan sus propios médicos, sin que el desconcierto del paciente encuentre consuelo en una explicación mínimamente razonable. ¡Y encima cada día son más antipáticos e ineducados muchos de los médicos generales que se sientan en los despachos de los Centros de Salud!