MANUEL FERRER

Blog personal de Manuel Ferrer Muñoz


Deja un comentario

El petróleo y las nacionalidades indígenas

petroleo

Recojo aquí un fragmento de una antigua entrevista a Enrique Ayala Mora, diputado por el Partido Socialista Ecuatoriano y candidato en las elecciones presidenciales de 1992, recogida en Frank, Erwin; Patiño, Ninfa, y Rodríguez, Marta (compiladores), Los políticos y los indígenas, Quito, Ediciones Abya-Yala, 1992, pp. 3-27 (p. 22)

Ha llovido mucho desde entonces (la entrevista está fechada el 28 de febrero de 1991), pero las cuestiones que ahí se plantean conservan plena actualidad y proporcionan argumentos para el debate.

Éste es el pasaje que me interesa destacar:

“Me parece absurdo y por desgracia lo he oído en dirigentes indígenas que dicen: ‘bueno, como nosotros somos los dueños de esta tierra, entonces el petróleo es nuestro’. El petróleo no es ni de los indios, ni de la provincia de Sucumbíos, ni de la provincia de Napo, ni de la provincia de Pastaza. El petróleo es un bien que pertenece a todo el Ecuador, que debe ser manejado por el Gobierno ecuatoriano. Eso está claro. Lo que me parece, por otro lado, absurdo es que en nombre del Gobierno que es el que negocia, los indios sean los últimos en enterarse lo que se hizo con el petróleo, o lo que es más grave, que comiencen a enterarse de la realidad, cuando los ríos están polucionados, cuando las torres de petróleo están plantadas y sobre todo cuando las colonias ya han ido con su séquito de luz eléctrica, rocolas, drogas y prostitución a liquidar la presencia étnica”.


1 comentario

Primavera para los banqueros

primavera

Permítanme la humorada de referirme hoy al mundo de la banca –de los banqueros a los que entregamos el dinero que nos queda- después de haber tratado en tres entradas consecutivas de los bancos del tiempo.

Si para los primeros corren aires primaverales, los gestores de los segundos siguen bregando a pie de obra enfrentados a la economía y a la pobreza reales, con muchas dificultades, y en contextos sociales de profunda desmoralización causada por las políticas económicas insolidarias de los Gobiernos.

El autor del excelente artículo que les recomiendo, aparecido en El País el pasado 25 de mayo, es Paul Krugman, profesor de Economía en Princeton y premio Nobel en 2008.

Ésta es la conclusión de un texto que les recomiendo leer de cabo a rabo:

“Al final, la historia de la política económica desde 2008 ha sido la de un notable doble rasero. Los malos préstamos siempre suponen errores por ambas partes: si los prestatarios fueron irresponsables, también lo fueron los que les dejaron el dinero. Pero cuando llegó la crisis, a los banqueros no se les consideró responsables de sus equivocaciones, mientras que las familias corrieron con todos los gastos.

“Y resulta que negarse a ayudar a las familias endeudadas no solo ha sido injusto; también ha sido una mala decisión económica. Wall Street se ha recuperado, pero Estados Unidos no, y la causa fundamental es el doble rasero”.

http://economia.elpais.com/economia/2014/05/23/actualidad/1400842302_227580.html


1 comentario

Diana L. Cardona Colorado. Integración multicultural en los Bancos del Tiempo

logo_BT_originalPonencia presentada en X Jornada de Bancos del Tiempo de la Asociación Salud y Familia (22 de octubre de 2010)

Principios y aspiraciones

Hombres y mujeres, los de aquí y los de allí, todos somos una mixtura compuesta y nutrida a través del paso del tiempo. Y es que entre los organismos vivos lo único y lo simple no existe: todo es composición, integración.

En esta época que nos ha correspondido vivir, la relación con lo diverso y lo plural se hace más presente que nunca. Jamás en la historia los hombres habían disfrutado de la oportunidad de enlazarse con otros hombres, en tiempo real, sin que el espacio geográfico ejerciera condicionamientos rígidos.

Es preciso aprovechar la potencialidad que encierra la desaparición de las distancias geográficas. Y para ello se requiere sacar partido de las posibilidades que así se abren y continuar construyendo vías a través de las cuales se creen más redes y puntos de encuentro, que multipliquen nuestras inversiones, y acrecienten la riqueza que nos ha sido dada junto con la llamada a la vida.

El Banco del Tiempo es uno de esos caminos que conducen al enriquecimiento que deriva del trato con los demás. En efecto, integrado por personas diversas, genera ganancia para todos.

De ese modo, el Banco del Tiempo se sirve de los contextos de la vida cotidiana, dela naturalidad con que se producen los intercambios de servicios y los encuentros informales entre los usuarios, como ejes principales de acción para la integración social de los inmigrantes.

Asimismo ayuda a mostrar la falsedad de argumentos como los de la competencia o la invasión, esgrimidos con tanta frecuencia en el mundo laboral o en los discursos sobre el insatisfactorio acceso a los servicios sociales.

Concebido el Banco del Tiempo como instrumento para la consecución de la convivencia intercultural, constituye una apuesta de acción positiva, que consideramos preferible a la discriminación positiva. Al integrar a nacionales y extranjeros, ofrece los mismos servicios a unos y a otros y a todos brinda idénticas oportunidades, porque todos actúan en condiciones de igualdad.

También se reconoce la contribución de las personas inmigrantes en los ámbitos sociales, económicos y culturales, y se abren espacios para su expresión a través del trato con personas de otros países.

Logros y realidades

Después de enunciar los principios teóricos por los que se rige nuestro trabajo, es hora de aterrizar en la exposición del trabajo realizado desde que hace poco más de un año nació nuestro Banco del Tiempo.

Con cien usuarios, pertenecientes a más de veinte nacionalidades, y asentado el funcionamiento eficaz de la Secretaría, un adecuado sistema de intercambios y un programa de actividades muy diverso, el balance del Banco del Tiempo de Cemigras en Las Palmas de Gran Canaria se antoja muy satisfactorio a primera vista: y esto gracias a la suma de voluntades de personas que, convencidas de que el empeño valía la pena, en una coyuntura social y económica muy delicada, no han escatimado trabajo ni tiempo.

Pero también el cuadro tiene sombras: para empezar, la dificultad para sostener económicamente el esfuerzo, por la insuficiencia de recursos propios y la escasa cuantía de las subvenciones recibidas.

Muchas personas acuden al Banco del Tiempo como vía de escape para su aislamiento, su desconexión con el entorno social o su angustia ante un sombrío panorama laboral. A todos los que se muestran interesados en incorporarse al Banco se les convoca a una entrevista, en la que se profundiza en el conocimiento de su entorno social y se les muestran los beneficios que pueden obtener del Banco. Todos salen entusiasmados; y, sin embargo, no resulta fácil conseguir que den los siguientes pasos, para realizar intercambios de modo efectivo y continuo, o asistir a actividades.

Nos preguntamos muchas veces por qué los usuarios de determinados colectivos nacionales tienden a reproducir los estereotipos comunes, que nosotros rechazamos: por convicción intelectual y porque, además, nuestra Secretaría está integrada por nacionales y extranjeros. En busca de una explicación para esos comportamientos habría que pensar que los procesos migratorios implican el contacto con nuevas mentalidades que pueden ser muy diferentes de las imperantes en los lugares de origen: de ahí la tendencia a la guetización.

Así, a título de ejemplo, es frecuente que los inmigrantes procedentes de algunos países de Iberoamérica o de la costa atlántica de África se muestren introvertidos y remisos para asumir iniciativas e implicarse en intercambios. Tal vez influya en esto que los usuarios procedentes de esos espacios geográficos sean, en su mayoría, mujeres adultas, con hijos a su cargo, con escasa formación cultural, mentalidades poco abiertas y muy poca disponibilidad de tiempo. En otros casos, se trata de personas en situación profesional y emocional inestable, que contemplan el Banco del Tiempo de un modo instrumental y pasivo, sin que ellas estén dispuestas en la práctica a asumir compromisos ni responsabilidades. Son pocas las chicas de esos países que se han incorporado al Banco, muy probablemente porque trabajan como internas y carecen de tiempo disponible.

La existencia de vínculos identitarios entre los miembros de cada colectivo nacional constituye una rémora para que se impliquen en otros proyectos asociativos que trasciendan la propia nacionalidad. Esta tendencia se percibe incluso en los lugares de recreo: el bar de los peruanos, el trocito de playa de los ecuatorianos, el polideportivo de los colombianos, el paseo de los mauritanos… Estamos convencidos de la importancia de propiciar espacios de encuentro que fomenten la solidaridad por encima de las identidades nacionales.

En busca de soluciones que sirvan para paliar la escasa participación de ciertos colectivos nacionales, prevemos desarrollar actividades que confieran a sus integrantes un papel protagónico, que les dé la oportunidad de hablar de sus propias habilidades y tradiciones culturales. En fase posterior, en la medida en que crezca su autoestima y logren conocer a más usuarios, se reforzará su interés por implicarse más a fondo en intercambios y actividades y ampliar los estrechos límites que cohíben su acción.

El Banco sí interesa a gentes de muy diversas edades y de muy variada extracción social, nacional, cultural, a las que unen unos mismos ideales solidarios y un empeño compartido por salir del propio aislamiento y superar la incomunicación. Con esas personas de toda clase y condición, cualquiera que sea su identidad nacional, sí pueden asentarse con solidez las bases de un Banco del Tiempo solidario y participativo. Y ésa es nuestra apuesta.


Deja un comentario

Alberto de Armas. Los bancos del tiempo

banco del tiempo

APUNTES Y REFLEXIONES TRAS LA ASISTENCIA A LAS IX JORNADAS DE BANCOS DE TIEMPO. BARCELONA OCTUBRE DE 2009.

Qué son los bancos de tiempo.

Un banco de tiempo es un sistema de intercambio de servicios por tiempo. En él la unidad de intercambio no es el dinero habitual sino una medida de tiempo, por ejemplo el trabajo por hora. Es un sistema de intercambio de servicios por servicios o favores por favores. Fomenta las relaciones sociales y la igualdad entre distintos estratos económicos. Se plantea el uso de este tipo de economía para solucionar diversos problemas presentes en la economía de mercado, a modo de economías complementarias o mercados alternativos. Actualmente estos proyectos pueden ser potenciados con el soporte de la tecnología de la información.[1]

Los bancos de tiempo son un recurso que se diseñó para promover la corresponsabilidad en la realización del trabajo doméstico y de cuidado de las personas, así como para facilitar la conciliación de la vida laboral y familiar” (ver nota 1).

Estas redes de intercambios de servicios tienen referentes europeos en los llamados LETS (Local Exchange and Trading System) del Reino Unido, como un sistema de intercambios negociado a nivel local , nacido en el año 1983 en Canadá y otros países anglosajones, cuyos socios/as practican el intercambio de bienes, servicios y conocimientos.

Características generales de este tipo de sistemas son entre otras las siguientes:

–          No existe reciprocidad directa, es decir, los intercambios son multilateralmente recíprocos.

–          Se utiliza una metodología de contabilidad que facilita la gestión y permite ajustar desequilibrios en las demandas y ofertas.

–          Existe la figura de un/a coordinador/a para realizar las gestiones necesarias.

–          Es necesaria la animación y dinamización social como motivación para realizar intercambios.

–          Están anidados a nivel territorial para facilitar la realización de intercambios y encuentros.

–          Se basan en la confianza recíproca y la responsabilidad moral de cada uno/a de los socios/as. [2]

Bancos de tiempo en España. El Proyecto de la Asociación Salud y Familia.

La Asociación Salud y Familia, inició en 1998 un proyecto de creación, soporte y asesoramiento, de redes de intercambio de tiempo entre grupos de personas que residen o trabajan en un mismo barrio/pueblo o ciudad, y que recibe el nombre de BANCO DEL TIEMPO, basado en el modelo existente en Italia en aquel entonces.

Este modelo de BANCO DEL TIEMPO, extendido hoy por toda España, utiliza a los propios usuarios como gestores de la secretaria que coordina el servicio de intercambios. La moneda de pago es la hora, que tiene el mismo valor en todos los casos. Todos los servicios tienen como precio el tiempo que se tarda en realizarlos.

A través de estos grupos de intercambio de tiempo, se motiva a los/las vecinos/as a conocerse y ayudarse sin ningún interés económico, dando valor a los pequeños trabajos que se desarrollan dentro de la vida diaria, de forma natural y que en la mayoría de los casos no reciben ninguna valoración por parte de quien los recibe: pequeños bricolages caseros, costura y/o planchado, lectura a invidentes, acompañamiento en paseos, enseñanza de recetas de cocina, asesoramiento informático, etc.

El proyecto del BANCO DEL TIEMPO es herramienta de inclusión social para los recién llegados, potencia el intercambio intergeneracional, así como la conciliación de la vida personal, familiar y laboral en condiciones de igualdad entre hombres y mujeres. La red de Bancos del Tiempo que coordina Salud y Familia se rige por unas mismas normas de funcionamiento, que el/la usuario/a deberá aceptar y firmar en el momento de realizar su inscripción.[3]

Concepto de ayuda mutua.

Uno de los aspectos básicos de los bancos del tiempo es el de la cooperación y el apoyo mutuo. No se trata en este caso de fórmulas asistenciales, no es dar como una contribución, sino un equilibrio entre dar y recibir.

Contribuciones voluntarias sí, si se quiere, pero como un regalo, como un don a la comunidad, no como una acción convencional de voluntariado. El voluntariado (ver nota 2) tiene una lógica diferente, muy respetable, pero distinta a la de los bancos del tiempo.

Los bancos de tiempo plantean el desarrollo de un sistema de intercambios, no de dar o facilitar medios a quien lo necesita. Se puede decir que es una forma de economía alternativa. A través del fomento de intercambios donde el valor del tiempo de cada persona es igual, todas las personas se colocan en pie de igualdad, porque todas pueden dar algo útil a los demás, aunque sea la compañía, el contacto humano, y todas pueden aprender a hacer algo útil para las demás.

Es importante ser y sentirse útil, sentirse partícipe de algo más allá del trabajo y la familia, en lo que se intervenga activamente, abrirse a los demás, desarrollar habilidades sociales, ser más autónomos formándose de manera continua, sentirse más seguros y estar ahí para echar una mano cuando haga falta o recibir apoyo cuando uno lo necesite.

Los bancos de tiempo estimulan el que cada persona adopte un papel activo, se convierta en agente y no en mero paciente, receptor de servicios o consumidor.

Concepciones del tiempo.

Tiempo cíclico y tiempo abstracto lineal. Tiempo biológico y cósmico versus tiempo mecánico-industrial. ¿Están nuestros tiempos regidos por el mercado o por los ritmos de la naturaleza?[4] (ver nota 3).

El reto de la recuperación del tiempo a escala humana. En el modo de vida actual hay una excesiva centralidad y un peso exagerado del tiempo productivo-laboral y de consumo monetario, frente al tiempo de uno mismo, familiar y de intercambio personal.

El tiempo lineal no tiene límite y cada vez se acelera más, el tiempo cíclico se adapta a los ritmos naturales.

En esta época hemos pasado colectivamente de ser sociedad a convertirnos en público, consumidores de las diferentes industrias y servicios. Las cosas importantes de la vida comunitaria se nos alejan más y más y parece que no tenemos tiempo para nada porque tenemos que seguir trabajando y consumiendo sucedáneos de aquello que realmente nos aporta satisfacción: aprender, crear, compartir y enriquecernos en el intercambio con los demás, con las personas que queremos.

El tiempo abstracto nos exige más y más competitividad. Es como una aspiradora, un sumidero, que lo engulle todo. Un agujero negro.

Los bancos del tiempo son instrumentos para ayudar a reequilibrar la balanza, partiendo de la base del reconocimiento de las necesidades, partiendo de donde estamos, mucha gente sin recursos económicos monetarios (trabajo-dinero) y mucha gente sin tiempo disponible.

Los bancos de tiempo se convierten en instrumentos para la inclusión, o mejor dicho para el fomento de la cohesión social, porque no es sólo para las personas con riesgo de exclusión, sino para todas. Favorece el incremento del capital social en una comunidad (ver nota 4).

Concepto y utilidad de los bancos del tiempo.

La hora (flexible) como unidad de medida para los servicios, independientemente de que se trate de asesoramiento técnico, trabajo más o menos especializado, limpieza, cuidados, etc. No obstante hay matices, por ejemplo un trabajo que no gusta hacer, que es arduo, difícil… Cada persona puede valorarlo como quiera y las demás decidirán si lo demandan o no.

¿Qué pasa con los intercambios de productos? ¿Cómo valorarlos en unidades de tiempo? Aunque se procura evitar la comparación con el dinero convencional (esta es una de las diferencias de los bancos de tiempo con otros sistemas de intercambio no monetarios como los LETS o las fórmulas de trueque) hay un valor referencial traducible a horas. Se pueden diferenciar servicios mixtos, por ejemplo hacer de comer, que conlleva conseguir los ingredientes, gasto de energía, etc.; cesiones de objetos de segunda mano, etc. Aquí en general sí hay un valor de referencia relacionado con un precio que se traduce en tiempo.

En los bancos del tiempo se fomentan los servicios, ser capaz de dar lo que uno sabe hacer a cambio de lo que no sabe, no puede, o para lo que requiere ayuda. No obstante, se busca también la venta local no monetaria de productos (por ejemplo de alimentos frescos o elaborados de producción local), y la reutilización, el reciclaje, etc.

Aunque bancos del tiempo sea una expresión que pueda sonar rara, una vez se explica que se trata de intercambios no monetarios que le dan valor al tiempo dedicado por cada persona, independientemente de lo que haga, siempre y cuando ello sea útil para otras personas o para la comunidad, se entiende la idea. “Este es el único tipo de banco que no quiere tu dinero, sino lo que tú sabes hacer”. “El banco donde lo único que no sirve es el dinero”

Hay muchos sistemas de intercambio no monetario, los tradicionales son los basados en el trueque, que es un intercambio directo, persona a persona. En general estos procesos hay ido evolucionando a sistemas más flexibles que permitan que el intercambio no tenga que realizarse persona a persona en términos equilibrados (esto puede ser fácil cuando se trata de un mismo tipo de servicio, por ejemplo: “yo te cuido los niños hoy y mañana tú cuidas los míos”, “hoy llevo yo el coche y mañana lo llevas tú”), pero es más difícil cuando los intercambios se basan en servicios distintos. Además en muchos casos quien demanda no puede ofrecer a quien ofrece lo que aquella requiere. Por eso se busca un sistema más ágil y equiparable y para que éste no esté condicionado por los precios de mercado, se utiliza como unidad de medida el tiempo dedicado.

En los últimos años los sistemas de intercambio no monetario están evolucionando hacia los bancos del tiempo, como la fórmula más idónea. En Gran Bretaña, por ejemplo, unas 15.000 personas participan actualmente en cerca de 200 bancos de tiempo (un promedio de 75 personas por banco de tiempo), pero están organizados en red (www.timebanking.org). Formalmente se han contabilizado unas 800.000 horas de intercambio en los últimos 4 años, pero hay una parte importante que no se contabiliza.

En general se trata de agrupaciones que no sobrepasan las 200 personas, para fomentar el contacto directo y la relación entre ellas, pero a su vez cada una de ellas se vincula con otras, en redes tan amplias como se quiera.

Existen intercambios entre personas; de personas con la asociación o grupo, y de éste a ellas; y también existen intercambios ente asociaciones.

En Francia se llaman SEL (Sistema de Intercambio Local) y se basan en la economía social, solidaria y alternativa. Podemos considerarlos bancos de tiempo porque también emplean el tiempo como unidad de valor de referencia. En la última década y media han aparecido unos 390 SEL en Francia, que movilizan a unas 40.000 personas.

Algunos bancos de tiempo crean un sistema de horas solidarias, horas que cada persona pone para cuando alguien tiene una emergencia, enfermedad, accidente, etc., pueda disponer de ellas. Pero esto es secundario porque lo que ocurre es que se crean lazos de afecto que hacen que cuando a alguien le va mal, las personas cercanas se sienten concernidas y le prestan un apoyo estrecho. Se genera así un sentido de familiaridad o de comunidad que hace que las personas no se sientan solas. Esto es crucial en las sociedades urbanas donde los vínculos de parentesco y vecindad se atenúan o desaparecen y las personas a veces no tienen sino a los servicios públicos de asistencia social u organizaciones de beneficencia como único remedio.

También lo es y mucho para las personas migrantes, como forma de integración de las mismas.

Así, los bancos de tiempo tienen funciones muy importantes que van más allá de la utilidad de los intercambios, como ayudar al respeto y la dignificación de las personas, y a aumentar su sentido de autoestima, haciendo que se sientan útiles a las demás, e integradas en la comunidad.

El representante del Ayuntamiento de Barcelona (Ricard Gomá, responsable del Área de Acción Social y Ciudadanía) planteó en la inauguración de las IX Jornadas de Bancos del Tiempo que el intercambio solidario y los bancos del tiempo pueden convertirse en un eje central de las nuevas políticas de inclusión social. En cualquier caso están aportando ya una buena dosis de creatividad e innovación a este respecto.

Cada vez hay más necesidades para los servicios públicos, cada vez hay que dedicar más recursos para las personas de los sectores desfavorecidos, para la lucha contra la pobreza y la exclusión en nuestra sociedad y en el mundo.

En la fase actual cada vez hay más gente que considera que la cohesión social requiere por supuesto políticas públicas, pero que éstas en buena medida deben facilitar y propiciar la participación activa de las personas y la organización social, no sólo en términos de voluntariado o asistencia, sino de modo que las personas y los grupos ejerzan un mayor control sobre la manera en que organizan sus vidas y enriqueciendo las relaciones sociales.

A estas alturas cada vez más gente llega a la conclusión de que no puede haber solución en el sistema económico capitalista, porque la producción y acumulación del dinero se hace a través de un proceso, el capital, que tiende a concentrarse y genera una creciente dependencia de la mayoría en manos de las grandes corporaciones y de la banca. El dinero es crédito y es deuda, no existe sino en la medida en que nos regimos a través de él. La mayor parte del dinero circulante es falso, es una mera entelequia convertida en un enorme poder manejado por los poderes financieros. No tiene nada que ver con la economía real, y sin embargo se le otorga la capacidad de controlar y forzar a la economía de los países a producir y comerciar en función de los criterios del capital y no de sus propios intereses.

La tecnología y la productividad han conseguido durante un tiempo crear en algunas zonas del planeta niveles inusitados de consumo, en buena medida superfluo, porque lo que se estimula es la producción y el consumo de todo aquello que es susceptible de ser comercializado (lo que puede ser escaso y apropiable), pero como nada crece de forma fija y lineal durante demasiado tiempo, son muchos los factores que apuntan a que la curva global entre producción y población se está invirtiendo (crisis ecológica, agotamiento de los recursos, exclusión y pobreza crecientes…). Aunque hay recursos para alimentarnos a todos, no los hay para sostener formas de vida como las de algunos países occidentales, especialmente la de los EEUU. No obstante, la acumulación desigual continúa, por un lado la riqueza sigue concentrándose y por otro ya hay más de 1.000 millones de personas en el mundo que se encuentran por debajo del umbral de la pobreza.

La clave no está en los políticos, porque los políticos tienen muy poca capacidad para moverse con las reglas de juego vigentes, en el actual marco económico-financiero.

Una de las claves del cambio necesario es la transformación de los valores colectivos. Sin embargo, estos no se transformarán mediante el adoctrinamiento, sino a través de un proceso de acción-reflexión-acción, de un aprendizaje práctico compartido.

Procesos como los bancos del tiempo apuntan en esa última dirección. Como apuntó en las IX Jornadas, la representante de la Associazione Italiana Banche del Tempo, Maria Luisa Petrucci, se trata de pequeños laboratorios de ideas para una transformación del modelo económico y social desde la base. El valor básico es la reciprocidad. Es riqueza, intercambio no sólo de utilidades, sino cultural. Cuando alguien da a otras personas, por ejemplo un taller de cocina, está transfiriéndoles no sólo conocimientos técnicos, recetas y procedimientos, sino un conjunto de modos de hacer que forman parte de su propia cultura, de su historia personal, un conjunto de intangibles de mucho valor. Cuanto mayor sea la vinculación, la comprensión mutua, la empatía, mayor será este enriquecimiento mutuo.

Como indicó la Directora de la Asociacón Salud y Familia, Elvira Méndez, los intercambios no son un juego de suma cero, el reparto de un pastel, sino extensión de la riqueza colectiva. Los procesos desarrollados por los bancos del tiempo son semillas de nuevas formas de organización social, “auténticos procesos de I+D social”.

Tiempo y espacio público.

Se han desarrollado políticas para la recuperación del valor social de los espacios públicos, ahora el reto está también en la recuperación del valor social del tiempo, el tiempo de intercambiar, o una economía fuera de lo monetario. Recuperación del valor de uso (en función de las necesidades o aspiraciones que el servicio o bien satisfaga) frente al valor de cambio (asignado por el mercado).

Elvira Méndez aportó en las IX Jornadas algunas reflexiones importantes: existe una crisis de los tiempos humanos, es necesario reflexionar sobre el tiempo y el modo en el que lo empleamos, y la mejor forma es probar a hacerlo de otra manera y aprender a pequeña escala, para luego desde ahí ir a más.

El futuro tal como está trazado nos separa, nos acelera, nos excluye, es necesario construir otro futuro para el planeta y para los seres humanos. Si las personas y organizaciones que podemos ayudar a generar cohesión no lo hacemos, pronto nos veremos todas cada vez más aisladas y saturadas.

Hay que replantearse el tiempo y construir espacios de relación significativos (no es el supermercado, no es ver la tele…).

La composición de género de los bancos de tiempo.

La experiencia de los bancos de tiempo europeos es intergeneracional e intergénero, pero hay un componente habitual de un 60-70% de mujeres y un 30-40% de hombres. En grupos de edad, todas participan aunque hay una mayor concentración en la franja 40-60 años.

Los bancos de tiempo se han desarrollado en buena medida a partir de la reflexión activa de colectivos de mujeres europeas acerca de la distribución del tiempo y la conciliación de la vida personal, familiar y laboral.

Se trata en general de un proceso de reflexión puesto en práctica que ha ido surgiendo de abajo a arriba.

Los servicios más comunes.

En los bancos de tiempo predomina el intercambio de servicios tales como apoyo en tareas domésticas, manualidades y pequeños arreglos, cuidado de personas, asesoramiento informático, idiomas, transporte compartido, etc., pero la casuística es muy amplia.

Influencia en la economía local, ventajas y desventajas.

A menudo se plantean cuestiones como la de que ofertar determinados servicios sin estar dado de alta, pagando impuestos, etc., se convierte en una forma de competencia desleal con los profesionales e insolidaria con la sociedad en general. Además, al no haber un control legal ni estar reguladas las actividades que se ofertan, puede existir también intrusismo, fraude, etc.

Se parte del siguiente principio: las personas tienen el derecho de aprender e intercambiar sin remuneración monetaria todo aquello que deseen, siempre y cuando no se informe engañosamente ni se vulneren normas y procedimientos que atañen a la seguridad y salud de las personas, por ejemplo, servicios médicos o de asistencia sanitaria sin los controles exigibles, no tener en cuenta la normativa de seguridad y salud en trabajos que implican riesgo (arreglos domésticos u otros), no cumplir requerimientos exigibles para la manipulación de alimentos y otros; así como poner en peligro los bienes y pertenencias de las personas, de terceros o públicas.

Los bancos de tiempo deben ser cuidadosos y responsables con estas cuestiones. Están sujetos a las normas y procedimientos de seguridad en todos los casos, determinadas actividades tipificadas deben realizarse de manera profesional. En otro orden de cosas, a menudo los bancos de tiempo organizan actividades colectivas encaminadas a propiciar la mejora de la calidad de vida de miembros y de la colectividad en general, en aspectos relacionados con hábitos saludables, calidad de los alimentos, dietética y nutrición, socorrismo y primeros auxilios, etc.

Si bien puede suponer una reducción del consumo que incida sobre algunos negocios, la incidencia en la economía local será globalmente positiva por varios motivos, entre otros:

a) la creación de redes sociales fomenta las actividades sostenibles, y de hecho en muchos casos los bancos del tiempo colaboran con iniciativas como cooperativas de producción y consumo, comercio justo, mercadillos de productos locales y otras actividades que favorecen la relación directa y equilibrada entre productores locales y consumidores, evitan intermediarios gravosos, apoyan la producción en cercanía, reducen costes de transporte, etc. En estos casos se trata de sistemas mixtos, o simplemente de aprovechar los encuentros y otros medios para favorecer colateralmente actividades remuneradas pero que conectan plenamente con la filosofía del grupo.

b) existen muchos casos, cuando el proceso está ya consolidado, en el que determinados comercios admiten parcialmente el pago en cheques de tiempo o semejantes.

c) al realizarse determinados intercambios sin remuneración, las personas incrementan su nivel adquisitivo, de modo que pueden gastar su dinero en las actividades que quieran, y por ello tendrán más margen para elegir aquellos bienes y servicios que incidan en una mejora de la calidad de vida: actividades culturales, formación, adquisición de determinados útiles productivos, etc. Si todo ello va acompañado de un cambio de valores, la reorientación del consumo puede ser significativa.

d) los servicios públicos básicos pueden descongestionarse en cierta medida, especialmente los de atención social, pudiendo reorientarse los recursos a la atención de personas con mayor grado de dependencia o atención urgente.

La aportación social.

En algunos casos se ha cuestionado también el que este tipo de intercambios evadan el pago de impuestos de actividades que a la postre son actividades económicas y por tanto estarían sujetas a ello. Ya se han planteado diversas razones por las cuales la cuota de aportación social de los bancos de tiempo estaría cubierta con creces. No obstante, en algunos casos una parte de la aportación en horas se realiza para actividades de interés social, no circunscritas solamente a las de las personas que participan en el grupo concreto.

Dificultades para la realización de intercambios.

A menudo hay gente que simpatiza con la idea y se apunta, pero luego esas personas no dan el paso de llevar a cabo intercambios regulares. Un conjunto de factores influyen para que cueste dar el paso del propósito en abstracto a la puesta en práctica. Algunos de esos factores son lo siguientes:

–          Falta de hábito, pagar facilita las cosas porque todo resulta más impersonal, no me implica.

–          Sensación de que no sé si puedo aportar algo útil a los demás

–          Dificultad para valorar mi propio trabajo

–          Me resulta más fácil dar que pedir

–          No quiero estar en deuda con otras personas

–          Ofertas poco ajustadas a demandas reales en el grupo

–          Etc.

Por ello, una labor importante en la consolidación de los grupos es reflexionar colectivamente acerca de los impedimentos y llevar a cabo dinámicas que faciliten el contacto, la confianza mutua, que animen a dar el paso de intercambiar como prueba, etc.

En algunos grupos se da de entrada un cupo de algunas horas de regalo (dos es lo más frecuente), pero no se pasa a tener la condición de persona asociada hasta que se ha realizado el gasto de esa cuota inicial. Es un incentivo para que las personas tengan la experiencia de recibir un servicio.

En algunos casos, se puede orientar a las personas asociadas a realizar servicios para los que se constata que hay demanda, y a veces se organizan talleres para que se entrenen en esa labor, o para capacitar al colectivo en tareas que son altamente demandadas. Ello se hace organizando pequeños cursos o talleres formativos específicos sobre ese tipo de cometidos.

La coordinación de los bancos del tiempo.

Un banco de tiempo, como cualquier organización social, requiere gestión y dinamización. Ese es un trabajo que supone dedicación y empeño, y que a veces se convierte en el eslabón débil del sistema, porque depende de un grupo de promotores entusiastas que durante un tiempo se dedican en cuerpo y alma a sacarlo adelante, sin pedir nada a cambio. Eso, que puede parecer bueno, introduce un voluntarismo que puede llegar a perjudicar el proceso si se hace crónico porque genera dependencias, y además llegará el momento que las personas que hacen de motor se cansen y nadie las sustituya.

Las labores de gestión deben ser compartidas en la medida de lo posible, además, todas las personas que forman parte del grupo deben tratar de asumir alguna responsabilidad dentro del mismo (de acuerdo a las circunstancias y capacidades) para evitar una separación entre gestoras y usuarias. En cualquier caso, es realista pensar que el reparto de responsabilidades no será igualitario, de modo que las tareas de gestión deberán ser pagadas de la misma forma que el resto de los trabajos, con créditos de tiempo.

¿Quién pone en marcha un banco de tiempo?

En ocasiones, y en el ámbito español parece que hay muchos casos así, han sido algunas administraciones locales (Ayuntamientos u otros) las que han impulsado el proceso, poniendo los medios para ello: pago de secretaría, local, gastos de gestión, etc. A veces con algún proyecto subvencionado. Ello no es malo de por sí, siempre y cuando se sea consciente de que antes de que se acabe el flujo es necesario prepararse para sostenerse sin ayudas. Si la dependencia se mantiene, el proyecto no tendrá algo que es esencial, que es autonomía, por lo que se desvirtuará o simplemente desaparecerá.

En cualquier caso es recomendable que la iniciativa sea social y sostenible, es decir, capaz de mantenerse por sí misma y autónoma. Otra cosa es el nivel de colaboración que pueda tenerse con las administraciones públicas, universidades, empresas u otras entidades, pero siempre garantizando la autonomía y la capacidad de decisión propias.

Los bancos de tiempo pueden ser de muy distinto tipo y se desarrollan según una dinámica natural, por extensión entre personas conocidas y amigas, mediante publicidad local, etc. Es muy bueno, que sean diversos en su composición (distintas edades, que haya mujeres y hombres, con personas de diferente ámbito cultural, procedencia, formación, profesiones, intereses…) porque de esa diversidad se nutrirá más el grupo. Los grupos no deben ser demasiado grandes para facilitar la gestión y el contacto presencial periódico, ni el territorio demasiado extenso. Lo óptimo es que trabajen en red con otros grupos.

Pueden surgir en el seno o vinculadas a asociaciones vecinales, sociales o culturales, de las comunidades escolares, en torno a un centro de salud local, o a un centro cívico, etc., pero también pueden surgir a partir de un núcleo promotor de personas interesadas en un determinado lugar.

En las IX Jornadas se presentaron experiencias muy curiosas, como por ejemplo, el Banco de Ida y Vuelta, un banco de tiempo promovido por la asociación de ámbito nacional Música de Ida y Vuelta. La asociación tiene por objetivo la creación de espacios de intercambio entre las culturas de las comunidades migrantes y la de su actual lugar de residencia, siendo la música el elemento integrador (www.musicadeidayvuelta.org).

Redes de intercambio de conocimientos.

Otra modalidad de los sistemas de intercambio no monetarios son las redes de intercambio de conocimientos. Son un proyecto educativo y comunitario originario de Francia. A finales de los años setenta diversas escuelas francesas ponen en marcha el proyecto para intentar estimular a niños y niñas en el aprendizaje. Todos eran portadores de saber y todos podían enseñar cosas a sus compañeros/as.

A partir de ahí se han desarrollado de muchas maneras. En ellos, la gente presta saber y tiempo, pero a la vez realizan una tarea importante de dinamización del territorio. El objetivo es dar conocimiento y recibir conocimiento. Nadie recibe una remuneración especial por dar conocimiento porque también lo recaba de otros.

En Francia ha llegado a constituirse un movimiento, MRERS (Movimiento de Redes de Intercambio Recíproco de Saberes). Éste ha alcanzado escala nacional, con gente incluso que trabaja para él. Ha llegado a la Universidad y se pueden realizar estudios y obtener el Diploma Universitario de Responsables de Formación.

A diferencia de los intercambios de servicios y productos, las redes de intercambio de conocimientos intercambian cursos de conocimientos diversos, por ejemplo, de guitarra u otros instrumentos, de lenguas, de dibujo, de matemáticas, de gimnasia, de costura, de cocina, de yoga, etc.[5]

Información compilada y redacción:

Alberto de Armas Estévez (Tenerife)

albdearmas05@yahoo.es

Direcciones de interés

http://www.saludyfamilia.es

Pueden encontrarse vinculados los boletines sobre bancos del tiempo y el manifiesto de UNIA, “No tengo tiempo para la sostenibilidad”.

Publicaciones

Los bancos de tiempo. Experiencias de intercambio no monetario. Recio, Carolina, Méndez, Elvira y Altés, Josefina. Editorial Graó. Barcelona 2009.

Los bancos del tiempo. Guía de buenas prácticas. Ayuda mutua y conciliación de la vida familiar y laboral. Martí, Conchi et al. Asociación Salud y Familia, Barcelona, 2004.

 

NOTAS

NOTA 1. Banco de tiempo. De Wikipedia, la enciclopedia libre.

Un banco de tiempo es un sistema de intercambio de servicios por tiempo. En él la unidad de intercambio no es el dinero habitual sino una medida de tiempo, por ejemplo el trabajo por hora. Es un sistema de intercambio de servicios por servicios o favores por favores. Propone la ventaja de fomentar las relaciones sociales y la igualdad entre distintos estratos económicos. Se plantea el uso de este tipo de economía para solucionar diversos problemas presentes en la economía de mercado, a modo de economías complementarias o mercados alternativos. Actualmente estos proyectos pueden ser potenciados con el soporte de la tecnología de la información.

Imaginemos, por ejemplo, que ciertos individuos, no estando necesitados de dinero, lo estén de tiempo, y estuvieran dispuestos a pedir un préstamo en términos de tiempo. De este modo, al igual que en los sistemas financieros tradicionales, existiría un trasvase (en este caso de tiempo), desde las unidades con superavit a las deficitarias, a cambio de una cierta rentabilidad por supuesto, pagada en unidades monetarias o temporales, según el caso.

NOTA 2. Voluntariado. De Wikipedia. La enciclopedia libre.

El voluntariado es el trabajo de las personas que sirven a una comunidad o al medio ambiente por decisión propia y libre. El término también hace referencia al conjunto de dichas personas, los voluntarios. Por definición, los voluntarios no cobran por su trabajo.

Hay diferentes motivaciones que mueven a estas personas a dedicar parte de su tiempo al trabajo no remunerado. También hay distintas maneras de ser voluntario: una clasificación básica distingue al voluntariado formal (el realizado dentro de organizaciones no lucrativas) del informal (los voluntarios actúan individualmente o en grupos no registrados). Otra clasificación elemental distinguiría el voluntariado en el que los beneficiarios son personas de aquél en el que el trabajo mejora el medio ambiente (en general o parte de él: animales, plantas, etc.).

El trabajo voluntario debería cumplir tres condiciones:

* Ser desinteresado: el voluntario no persigue ningún tipo de beneficio ni gratificación por su ayuda.

* Ser intencionado: el voluntario persigue un fin y un objetivo positivo (buscar un cambio a mejor en la situación del otro) y legítimo (el voluntario goza de capacidad suficiente para realizar la ayuda y de cierto consentimiento por parte del otro que le permite que le ayude).

* Estar justificado: responde a una necesidad real del beneficiario de la misma. No es un pasatiempo ni un entretenimiento sin más, sino que persigue la satisfacción de una necesidad que hemos definido previamente como tal. Generalmente se busca el beneficio del otro a través de un esfuerzo personal, movido por algo, buscando como decimos, un fin justificado.

El voluntariado complementa la labor de la administración pública y de los profesionales de la acción social, pero nunca los debería sustituir ni suplantar.

NOTA 3. Tiempo cíclico y tiempo lineal. Del Manifiesto de la UNIA (Universidad Internacional de Andalucía) “No tengo tiempo para la sostenibilidad”.

“En la configuración de la Edad Moderna se produce, entre otros, un fenómeno de cambio en la concepción del tiempo. De los tiempos cíclicos marcados por los ritmos de la naturaleza, se pasa a un tiempo abstracto y lineal, dirigido por los relojes mecánicos en el marco de un paradigma mecalicista. A eso se suman posteriormente el cambio de la escala espacial propiciado por los transportes y el nuevo urbanismo, y la instantaneidad de las comunicaciones, impulsada por las nuevas tecnologías. Las distancias se han acortado, el tiempo se ha comprimido. (…)

En estos momentos, conviven dos culturas del tiempo antagónicas: la cultura de lo instantáneo, de la aceleración, frente al respeto a los tiempos de la naturaleza, incluida nuestra propia naturaleza como seres vivos. Es evidente que la primera de ellas está sirviendo como modelo para un crecimiento insostenible a escala global, que nos ha traído a una crisis de civilización. Los ritmos naturales chocan con el corto plazo de los tiempos económicos y políticos. (…)

Las actividades cotidianas de cuidados, mantenimiento, relaciones sociales… se realizan en un tiempo cíclico que produce y sostiene futuro. En nuestra cultura, este tiempo se considera secundario, pero no habría vida sin estas actividades. Este tiempo cíclico es, en gran medida, compartido y polivalente: en él están presentes el hacer y el estar. En el tiempo del cuidado no se está creando sólo un producto, el valor fundamental está en el proceso. (…)

El tiempo se amplía cuando se comparte. (…)

Es posible entender las renuncias como algo positivo, que nos enriquece. Lo que perdemos en bienes materiales lo ganamos en tiempo. Cuidar las relaciones familiares y sociales que estamos perdiendo a causa de la prisa no es un retroceso. Se puede vivir mejor con menos: regalar tiempo, dedicar momentos al juego, a las artes, a la comida, a la amistad, a la naturaleza, a nosotros, a los demás. Tiempos para la sostenibilidad.”.

NOTA 4. Capital social (sociología). De Wikipedia, la enciclopedia libre

El Capital Social es considerado la variable que mide la colaboración social entre los diferentes grupos de un colectivo humano, y el uso individual de las oportunidades surgidas a partir de ello, a partir de tres fuentes principales: la confianza mutua, las normas efectivas y las redes sociales.

El capital social mide, por tanto, la sociabilidad de un conjunto humano y aquellos aspectos que permiten que prospere la colaboración y el uso, por parte de los actores individuales, de las oportunidades que surgen en estas relaciones sociales. Una sociabilidad entendida como la capacidad para realizar trabajo conjunto, la de colaborar y llevar a cabo la acción colectiva.

El término de “capital social” proviene de una analogía con el de capital económico. De todas formas, su escasa fijación en la literatura social y económica hace que sea un tanto difícil de consensuar. En un comienzo, fue usado a principios del siglo XX en pedagogía. No fue retomado hasta la década de 1960 cuando se empezó a usar para teorías de desarrollo económico. Normalmente en los modelos económicos tradicionales este concepto es totalmente ignorado, pero en los años 1980 volvió a tomar importancia. Fue usado por muchos autores en sociología y modelos de economía alternativos.

Se podría resumir como “no sólo es importante qué conoces, si no a quién”. Fukuyama, lo define como la norma que hace que exista cooperación entre dos partes. Autores importantes son Putnam 1993 y Coleman 1988.

En lo que se refiere al valor colectivo de las redes sociales, es considerado para la formulación de políticas en muchas organizaciones; incluso siendo recientemente reconocido por instituciones tales como el Banco Mundial (aunque con algunas reservas al concepto).

Afinando los matices del concepto, el capital social no tiene por que necesariamente producir cosas buenas, puede generar discriminación sobre individuos o grupos. A veces el capital social puede tener connotaciones negativas, como en el caso de mafias diversas (los contactos y redes sociales creados entre varias personas pueden idear cosas consideradas negativas por una sociedad, como el crimen).

Sin embargo, como hemos apuntado, en los últimos años se han destacado tres “fuentes” principales del capital: la confianza mutua, las normas efectivas y las redes sociales. A pesar de las posibles diferencias en la forma de definir y medir estos atributos, el capital social siempre apunta hacia aquellos factores que nos acercan como individuos y a cómo este acercamiento se traduce en oportunidades para la acción colectiva y el bienestar del grupo.

 

[1] Definición en Wikipedia.

[2] Los bancos del tiempo. Guía de buenas prácticas. Ayuda mutua y conciliación de la vida familiar y laboral. Martí, Conchi et al. Asociación Salud y Familia, Barcelona, 2004.

[3] Los bancos de tiempo. Experiencias de intercambio no monetario. Recio, Carolina; Méndez, Elvira y Altés, Josefina. Editorial Graó. Barcelona 2009.

[4] Manifiesto “No tengo tiempo para la sostenibilidad”. Universidad Internacional de Andalucía (UNIA). Aula de Sostenibilidad. 3º Foro Internacional Saberes para el Cambio. 2-4 de junio de 2009.

[5] Los bancos de tiempo. Experiencias de intercambio no monetario. Recio, Carolina; Méndez, Elvira y Altés, Josefina. Editorial Graó. Barcelona, 2009.


Deja un comentario

Banco del Tiempo en Tenerife, Canarias

BT

Los Bancos del Tiempo son redes de autoayuda y de intercambio de tiempo y de servicios entre grupos de personas que residen o trabajan en un mismo barrio, pueblo o ciudad. La moneda de pago es la hora.

La finalidad de los Bancos del Tiempo es promover el intercambio de tiempo entre personas, creando redes de cooperación y ayuda mutua entre ellas. El intercambio está dirigido principalmente a ofrecer y pedir servicios para resolver necesidades puntuales de la vida diaria.

Se acompañan los vínculos de la página web y de un blog que acaba de ponerse en marcha.

La lectura de esos textos les permitirá ampliar información y, si viven en Tenerife, tal vez les brinde la ocasión de sumar fuerzas y de participar en esa estupenda iniciativa solidaria.

https://communities.cyclos.org/tenerife

http:// bancodeltiempodetenerife. blogspot.com.es/


1 comentario

Manuel Ferrer. Debate entre Ciencias y Humanidades

ciencias

La tramposa contraposición entre Ciencias y Humanidades que, en la mente de no pocos ignorantes, debería conducir a encerrar a las últimas en el más polvoriento y olvidado rincón del más deprimente y triste de los museos arqueológicos, se ve desmentida por el brillo de personalidades como Isaac Asimov, Stephen Jay Gould, Carl Sagan o Lewis Thomas, que desde el prestigio de sus quehaceres científicos enriquecen la nómina de los grandes humanistas de nuestro tiempo.

Y, sin embargo, los responsables de la mayoría de las universidades piensan que su objetivo es preparar a jóvenes para que se incorporen al tejido empresarial, por lo que se pliegan a las necesidades de la industria y la empresa, y dedican sus mayores esfuerzos a la formación técnica de los jóvenes.

Este planteamiento se sustenta en un gravísimo error de principio. Las universidades deben reconocer que sus clientes no son las empresas sino los estudiantes, y que éstos deben recibir una formación integral que los capacite no sólo para el trabajo científico y técnico, sino para ser actores útiles a la comunidad y a la sociedad.

Cierro esta breve consideración con una cita del filósofo Luis Enrique Orozco:

“La universidad representa aquel espacio para la búsqueda del conocimiento, la libertad de pensamiento, la excelencia, la posibilidad de crítica, de diálogo dentro de un clima científico de honestidad intelectual. Esta visión de la universidad contextualizada, enfocada y sintonizada dentro del más amplio concepto de desarrollo humano, de plano se contrapone a aquella que solo ve en ella una máquina para producir profesionales”.


Deja un comentario

Espacio para la reflexión

derecha

Este artículo de Ignacio Ramonet, ¿Por qué sube la extrema derecha en Europa?, Monde Diplomatique, núm. 223, mayo de 2014, aporta algunas claves para la comprensión de un fenómeno que afecta a muchos países del Viejo Continente, y que puede marcar el comienzo de un importante cambio en las preferencias de los electores europeos.

—-

Una cosa es segura: las elecciones europeas de finales de mayo se traducirán en un aumento notable del voto de extrema derecha. Y por la incorporación al Parlamento Europeo de un número considerable de nuevos diputados ultraderechistas. Actualmente, éstos se concentran en dos grupos: el Movimiento por la Europa de las Libertades y de la Democracia (MELD) y la Alianza Europea de los Movimientos Nacionales (AEMN). Entre ambos suman 47 eurodiputados, apenas el 6% de los 766 euroescaños. ¿Cuántos serán después del 25 de mayo? ¿El doble? ¿Suficientes para bloquear las decisiones del Parlamento Europeo y, por consiguiente, el funcionamiento de la Unión Europea (UE)?

Lo cierto es que, desde hace varios años y en particular desde que se agudizaron la crisis de la democracia participativa, el desastre social y la desconfianza hacia la UE, casi todas las elecciones en los Estados de la UE se traducen en una irresistible subida de las extremas derechas.

Texto completo en fuente original