MANUEL FERRER

Blog personal de Manuel Ferrer Muñoz


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Messi, un símbolo del fútbol actual

messi

Yo vi a Messi … y de repente sentí lástima por él, y por la tragedia silenciosa que es toda esta profesionalización, esta industria de circo, descarnada, indolente, donde tantos futbolistas se han suicidado y a otros tantos les ha explotado en la cancha el corazón; esta industria donde se coronan a héroes y se desguazan a derrotados; esta cultura despiadada donde miles de periodistas como yo escribirán hoy sus crónicas de la derrota y con un dedo señalarán, señalaremos, todos a Lionel Andrés, un muchachito de un metro sesenta y nueve centímetros, medio autista y medio genio, que no pidió ser el mejor de nada, que no soñaba con Balones de Oro ni cláusulas de 250 millones en Barcelona, y al que solo, en realidad, le interesaba poder divertirse un poco jugando al fútbol.

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Podemos. Ladran, luego cabalgamos

Pablo-Iglesias

No es ningún secreto que Podemos suscita las más profundas animadversiones en muchos ambientes políticos caracterizados por el conservadurismo y la salvaguarda de los intereses creados (populares y socialistas, a partes iguales).

El siguiente artículo de Carlos Alberto Montaner, publicado en El Comercio (Guayaquil) el pasado 8 de julio, con el provocador título de “España: Bienvenido, Mr. Chávez”, da una idea del grado de acritud con que es tratado un proyecto político que goza a estas alturas de una muy arraigada legitimidad en las urnas.

Les invito a que lo lean, analizando el contenido con la cabeza –no con el estómago-, y que a través de sus comentarios al blog colaboren en poner las cosas en su sitio.

Se presenta una oportunidad privilegiada de mostrar quiénes son capaces de dialogar y quiénes se atascan en el mero insulto.

Adelante, que ¡podemos!

Acceso al texto de Carlos A. Montaner

 


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Brasil se retira con las orejas gachas

brasil

Antes de la celebración del Mundial de Fútbol hubo una ola de protestas por los gastos suntuarios exigidos por un evento deportivo que el Gobierno se proponía utilizar para tapar sus miserias, mediante la invocación al patriotismo y la manipulación de unos éxitos deportivos a los que se encomendaba la responsabilidad de silenciar el deterioro social y la profunda frustración que experimentan muchos brasileños por la gestión política de la heredera de Lula.

Cuando empezó el Mundial, la prensa brasileña y el público que llenaba los estadios se ensañó con una Selección, como la española, poseedora del título, que se decía capaz de reeditar el último triunfo.

Después de la humillante derrota que España sufrió ante Holanda y del posterior tropiezo con Chile, el pitorreo subió de tono. El público de los estadios y la prensa deportiva se partió de risa.

Cuando un jugador uruguayo –Luis Suárez- mordió a un jugador italiano en el partido que costó a Italia el fin de su sueño mundialista, los jugadores brasileños se divirtieron de lo lindo en el entrenamiento del día siguiente, remedando la escena, como si de una representación cómica se tratara. No fueron precisamente respetuosos con el drama de un jugador temperamental que, habiendo perdido los nervios, se había ganado una durísima sanción que lo retiraba del Mundial y le impedía el acceso a los campos de fútbol durante cuatro eternos meses. A los brasileños les resultó gracioso.

El seleccionador de Brasil repitió una y otra vez que había una conjura de la FIFA que, a través de los arbitrajes, se había propuesto apartar al equipo del acceso a la gloria mundialista. Scolari se mostró ante la prensa universal como la gran plañidera.

Superaron la fase de grupos, ganando sin convencer, y por los pelos eliminaron a Chile y a Colombia, acumulando un incontable número de faltas. El jogo bonito cedió el lugar al jogo sucio.

Y después vinieron las catástrofes con Alemania y con Holanda. Diez goles en dos partidos.

¿Espera Brasil que, ante un ridículo tan estratosférico, se olvide tanta demostración de prepotencia, de mal gusto, de falta de deportividad y de respeto?

A los buenos aficionados brasileños, que son la inmensa mayoría, mi sincero pésame y la expresión de mi solidaridad en este pésimo trago.


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Claudio A. Caamaño Vélez. Loma Miranda: más que la lucha por una montaña

lomamiranda

En los últimos meses hemos visto cómo una parte considerable de la sociedad dominicana se ha movilizado para evitar que la minera Falconbridge Dominicana (Falcondo) ejecute actividades de explotación minera en la zona de Loma Miranda, provincia Monseñor Nouel. Así mismo hemos visto cómo sectores y personas han salido en la defensa de esa empresa.

Desde una mirada sencilla, digamos 2D, se puede afirmar que es una lucha para evitar que se deforeste una montaña. Pero desde una mirada más profunda, digamos 3D, podemos notar que esta lucha es mucho más de lo que a simple vista se puede ver. De hecho, es muchísimo más.

Esta lucha, es la de un pueblo por preservar sus recursos naturales. Es la lucha de una nación contra las transnacionales mineras. Es la de un país contra el capital (que no tiene patria), que sólo busca sacar beneficios sin medir consecuencias. Es la lucha de la verdad contra la manipulación mediática y la compra de conciencia.

La lucha por la defensa de Loma Miranda representa el alto nivel de conciencia que ha logrado nuestro pueblo, el cual se ha dado cuenta que unas monedas pasajeras no pueden canjearse por el futuro de una nación. Es un verdadero despliegue de libertad y autodeterminación; una exhibición de que el poder soberano reside en el pueblo; la afirmación de que el interés colectivo está por encima de los intereses (ambiciones) particulares.

Por esta razón debemos, a sangre y fuego (metafórica o literalmente según aplique), evitar que las mineras transnacionales continúen su avance por nuestro territorio. Este país no sólo es nuestro, también es de nuestros hijos, nuestros nietos, y de los hijos y nietos de estos.

Así como Moisés partió en dos las aguas del Mar Rojo, así mismo se ha visto clara la franja divisoria entre los defensores de nuestro país y sus detractores. Ésa es otra lección importante que no deberíamos olvidar.

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Claudio A. Caamaño Vélez. Sólo nos van a dejar los hoyos

falcondo

“Cuando se vayan de aquí solo nos van a dejar los hoyos”. Ésa fue una de las últimas reflexiones de Francisco Alberto Caamaño Deñó, conversando con el teniente Almonte Castro, su custodio, poco antes de ser asesinado al atardecer del 16 de febrero de 1973. La hizo al ver el cielo enrojecido por los hornos de la Falconbrige Dominicana (Falcondo). Hoy, 41 años después, no acabamos de entender esa verdad.

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