MANUEL FERRER

Blog personal de Manuel Ferrer Muñoz


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La deshumanización del viaje

ovejas

Desplazarse en avión constituye una de las más desagradables pesadillas que puede vivir una persona a la que repugne el espíritu gregario.

Los pasajeros que arriban a los aeropuertos son conducidos y tratados como ovejas en el aprisco, sujetos a insoportables trámites, revisados y hurgados como delincuentes en potencia, humillados en cacheos indecorosos.

Si, además, la pasajera es mujer que viaja sola con un hijo menor de edad, y ha padecido la desgracia de recalar en el aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón, de Cali, la situación se agrava hasta extremos preocupantes.

Allí se dan la mano la prepotencia y la cerrazón de los funcionarios de Migración con la grosería burda de los policías de Aduana. Si los primeros convierten en una epopeya el sencillo trámite de viajar sin la compañía del marido, con un niño a cargo que no ha alcanzado la mayoría de edad, los segundos no se quedan atrás y se atreven en su desvergüenza a insinuar con desparpajo, cuando revisan hasta los dulces del pequeño, que ¡la mamá puede estar traficando droga!

A esos desgraciados los sostenemos con nuestros impuestos, rellenamos sus estómagos insaciables con el fruto de nuestro trabajo, alimentamos su ridículo sentimiento de superioridad y su estúpida petulancia con largas horas de dedicación a nuestras exigentes actividades profesionales.

Es hora de que estos desaprensivos rindan cuentas, de que la ciudadanía exija el respeto que se le debe, de enseñarles que son nuestros servidores y no unos aprendices de déspotas acreedores de nuestro desprecio.

Nosotros hemos creado y alimentado a esos monstruos, y hemos de descubrir el modo de devolverlos a la condición humana o de acabar con ellos.

P. D.:

1) El cuadro que se ha trazado no reviste carácter universal. Un paso por el aeropuerto Adolfo Suárez, de Madrid-Barajas, permite constatar un panorama alentador, que contrasta con el descrito antes como el día dista de la noche.

2) La guinda: en un vuelo de Avianca, una pasajera indispuesta se negó a abandonar la nave cuando ésta se hallaba aún en pista, antes de iniciar la maniobra de despegue. El tiempo requerido para persuadirla de que se bajara –una hora- impidió que cientos de pasajeros perdieran sus conexiones aéreas en Madrid.